
Cuando a fines del 2006 (y no para
poner fin a la quiebra como se ha empeñado en decir) Sebastián Piñera compró
cerca del 10% de la propiedad de Blanco y Negro, se sabía que su principal
motivación era política, no económica. La sola aparición gratuita en los medios
que Colo-Colo significa, compensaría con creces la escasa rentabilidad que la
acción en efecto ha tenido desde entonces.
Y hasta ahí, desde mi condición de
colocolino, poco podía decir. Pero a partir de ese momento el segundo accionista
mayoritario de Blanco y Negro ha hecho uso y abuso del nombre de
(Leer más)