Es deber permanente de quien escribe procurar entregar sus conceptos del mejor modo posible. Finalemente son éstos los que uno quiere comunicar y no sólo figurar como autor de algunas palabras. Por esto, me siento con el deber de reconocer cuando alguien expresa lo que pienso mucho mejor de como lo hubiera podido hacer yo. En esta ocasión ese alguien es Sergio Gilbert, quien en su columna del Mercurio de hoy (se puede ver aquí) plasma con sus palabras mi sentir (y pensar) respecto del momento actual del Eterno Campeón. La nota se titula "La engañosa transición" y dice así:
Las señales futbolísticas que está dando hoy el Colo Colo dirigido por Fernando Astengo tienen como bandera el inmovilismo conceptual.
Y hay razones.
Resulta que la gran autoestima de los futbolistas albos -forjada sin duda a costa de los éxitos alcanzados en los últimos años- ha impedido la lógica transformación de un equipo que tenía el tono de Claudio Borghi a uno que debería tener el sello de Fernando Astengo.
En rigor, el principio que opera hoy en la mente de los colocolinos es que no es sano cambiar algo que ha funcionado, pensamiento que si bien parece natural y obvio, finalmente tiende a inhibir las posibilidades de evolucionar.
Y es curioso que los albos no se den cuenta de esta evidencia cuando la mejor demostración de que otro principio opera de mejor forma -algo bueno, al cambiarlo, puede ser mejor si existe convicción y disposición- está en su propia historia reciente, esa que se vivió con el traspaso de mando entre Arturo Salah y Mirko Jozic a fines de los '80, donde las transformaciones fueron notables -con nombres iguales- y que, como proceso, terminó convirtiéndose en el más exitoso que algún club chileno haya tenido en su historia.
Fernando Astengo, hasta ahora, no ha estado ni cerca a aventurarse a ese ejemplo histórico. Es más, está construyendo una transición engañosa basada en el temor de realizar incluso las transformaciones que debió realizar su antecesor.
¿O acaso Colo Colo con Borghi no estaba ya dando evidencias de encasillamiento táctico? Más aún: ¿no estaba más que claro que con el DT trasandino se estaba llegando al peor escenario, al del conformismo?
Para Borghi, quizás, esta especie de entrampamiento no le hubiese reportado más que algún mal pasar momentáneo en virtud de los éxitos conseguidos antes. Tenía crédito. Pero su heredero no tiene ese piso y, por tanto, las falencias que recibió de su antecesor son una mochila pesada de la que sólo puede liberarse si es que se atreve a reconocerlas y arreglarlas.
Si Astengo, como puede presumirse a partir de sus influencias técnicas (Arturo Salah, Orlando Aravena y Luiz Felipe Scolari, por ejemplo), cree que su equipo debe formar una defensa de cuatro, pues que lo haga. Si piensa que un jugador no es intocable a pesar de haber llegado este año con cartel de figura (Ricardo Rojas), pues que lo saque del equipo si, como ha quedado claro, no rinde. Si su análisis es que debe haber un refresco con jugadores jóvenes buenos, que los ponga, y en su puesto, y no en donde falte uno (Boris Sagredo).
Tal parece ser la única vía para que Fernando Astengo comience a construir sus propios capítulos en el devenir de los albos.
Si se conforma con hacer cambios cosméticos para no importunar la epidermis de los jugadores, si insiste en presentarse como un mero continuador de una historia que ya terminó, si se enfrasca en la misión de ser Borghi II, que vaya preparando las maletas.
La gran autoestima de los futbolistas albos ha impedido la lógica transformación de un equipo que tenía el tono de Claudio Borghi a uno que debería tener el sello de Fernando Astengo.
vía Twitter
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