Debe haber sido durante las vacaciones de invierno del año '87. En esa época los teléfonos no abundaban como hoy, por lo que si alguien quería comunicarse con alguien de mi casa debía llamar a la de la vecina. Tal fue el caso de mi viejo, que desde su trabajo llamó donde la tía Gloria (mi vecina) y pidió que me fueran a buscar, que quería hablar conmigo. Rara vez mi papá llamaba desde la pega, y más raro aún era que lo hiciera y pidiera hablar conmigo, un mozalbete de sólo 7 años. Orgulloso de que mi viejo quisiera conversarme y no a mi hermana dos años mayor, partí al teléfono a enterarme de qué se trataba todo esto.
La conversación, como casi todas las que tuve telefónicamente con mi papá, fue breve. En ella me contó que trabajaba con el médico de Colo-Colo, quien además era su amigo y que éste le ofrecía hacerme socio del equipo del cual tanto mi abuelo como mi papá eran hinchas. Para entonces me gustaba el fútbol, pero lejos de estar identificado con alguna camiseta en particular me consideraba hincha de la Argentina de Maradona. Feliz, le respondí que sí, que me encantaría ser socio de Colo-Colo y qué cuándo eran la clases. Mi viejo, obvio, me preguntó que qué clases, pero emocionado como estaba le dije que mejor lo habláramos en la tarde cuando llegara a la casa. Claro, lo que entendía por socio no era el tipo que pagaba una cuota mensual a cambio de tener un descuento en la entrada para el partido del fin de semana, sino que era el ingresar a las inferiores de Colo-Colo y que, por tanto, además de ir a entrenar, a partir de entonces debía hacerme hincha de ese equipo. Así no más fue. No recuerdo cómo fue que comprendí lo que realmente significaba ser socio, pero desde entonces no puedo desentenderme de lo que pasa con Colo-Colo.
El '89 se reinauguró el Monumental y ahí estuve ya no con mi papá sino con mi abuelo, quien invitándome al estadio durante los años siguientes me generó el vicio de ir a ver al Eterno Campeón. Hoy él está postrado en una cama y mi viejo hace casi dos años que murió. Sin embargo, cargo con ambos cada vez que voy al estadio y veo, como ocurrió el domingo pasado, al equipo blanco entrar a la cancha a dar otra vuelta olímpica.
Eso es Colo-Colo. No una hinchada, no un puñado de jugadores, ni menos una rama menor nacida al alero de una institución académica. Colo-Colo es legado de muchos, es la herencia de un pueblo, es el gen común y la alegría popular. Es por eso que quienes visten su camiseta sienten de inmediato el deber de ser campeones. Es por eso que esta semana podemos no celebrar sólo un campeonato más, sino que nos damos el gusto de celebrar el ser los primeros tetracampeones del fútbol chileno.
No somos parte de la historia, somos la Historia.
vía Twitter




Gracias
Gracias por contar nuestras vidas, ni te imaginas lo parecida que es esta historia a la mia, con unos años de diferencia (el 87 tenia 13 años), me emocione mucho y el ver como mis hijos se han identificado tanto con Colo Colo, me han hecho recordar mi niñes y nuevamente GRACIAS
De nada!
Es la gracia que tiene el Colo: es una herencia gratuita que sin duda une a cualquier familia, sin importar su patrimonio, su apellido o cualquier otra cosa.
Saludos, y gracias por comentar.