Hace tiempo que no escribía, y esto no porque no hubiera tenido nada que escribir. Todo lo contrario. Muchos sucesos han acaecido desde la última vez que me senté a presionar letras frente a esta página, y no puedo hacer caso omiso a éstos.El primero de estos hechos es el 82 aniversario del Eterno Campeón. El 19 de abril pasado Colo-Colo cumplió un año más en su permanentemente enriquecida historia. Es impresionante la institución que somos, cómo ésta es capaz de mover a un país entero, a ser la causa de la felicidad de tantos millones, y a reflejar la identidad de un pueblo. ¿Cuánto de lo que hoy somos habrán imagino nuestros fundadores que seríamos?... No tiene sentido buscar la respuesta, quizás sea más productivo pensar en cuánto más podremos crecer y, sobre todo, cuánto haremos para que así suceda.
Arellano y compañía crearon un monstruo difícil de definir, entre otras cosas, porque en la jungla futbolística chilena somos únicos, nadie (por presente, pasado o futuro) se puede comparar con nosotros, somos otra raza.
El segundo hecho que quiero destacar es el cada vez más mal llamado "Súperclásico". Es lamentable que un partido que debiera manifestar lo mejor del fútbol local, lo juegue un solo equipo. ¿Contra qué jugó Colo-Colo? Contra una muralla defensiva que sólo atinaba a despejar lo más lejos posible el balón de su área? ¿es eso fútbol? Al parecer para el que dice ser el segundo equipo de Chile sí, pero sabemos que para nosotros no. Ser jugador del Colo es un privilegio de pocos, entre otras razones, porque hay que tener características que escasean en nuestro medio: por de pronto empuje y coraje, virtudes que en la cancha se traducen en una constante búsqueda del triunfo, que es a la vez la alegría del pueblo.
Pero ya lo dije, esa es una característica exclusiva nuestra, por eso un 0 a 0 nos deja disconformes, porque no somos chicos, somos, repito, de otra raza.
Un hecho lamentablemente digno de comentar es la eliminación del Eterno Campeón de la Copa Libertadores. Ha pasado más de una semana y aún no logro convencerme de la forma en que quedamos fuera. Hicimos un partido horrible allá y acá estuvimos muy cerca de darlo vuelta, pero fallamos en el área chica. Ni siquiera fue mérito del arquero o la defensa de ello, ni siquiera mala suerte. Hubiera bastado con que Villarroel en el primer tiempo y Vidal en el segundo la hubiesen metido dentro en las ocasiones que tuvieron para ahora estuviéramos pensando en el Santos de nuestro recordado Maldonado y no sólo en el Audax. Pero bueno, la realidad es esa y ya nada podemos hacer para cambiarla, sólo nos va quedando como consuelo el salir tricampeones e invictos. Sí, leyeron bien, como consuelo, porque nosotros siempre aspiramos a más, salir campeones en Chile es nuestro deber, y el salir invictos es un desafío autoimpuesto sólo para hacer del torneo algo más atractivo. Como verán, nuestra vara es alta, el conformismo no va con nosotros, no somos los hinchas del Colo los hinchas del fracaso, esos van al estadio con una camiseta azul. Nosotros aspiramos a más porque somos más, somos de otra raza.
Para el final he querido dejar la conmemoración de la muerte de don David Arellano. 80 años se cumplieron el 3 de de mayo pasado de aquel partido entre Colo-Colo y el Valladolid en España, en la que nuestro Gran Capitán defendiendo los colores del Cacique encontró la muerte. No viene al caso narrar los hechos que terminaron con la vida de David, pero sí me parece necesario mencionar que así como el 19 de abril de 1925 se fundó la institución, el 3 de mayo del 27 nació el espíritu colocolino, ese que obliga a todo aquel que viste la alba camiseta a dejarlo todo en la cancha a cambio de la alegría popular, porque ser parte de Colo-Colo es distinto a pertenecer a cualquier otro equipo, es asumir los conceptos de entrega, empuje y coraje, conceptos todos que hacen del Eterno Campeón una estirpe diferente, una especie única, en fin: otra raza.
vía Twitter
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