
Cuando a fines del 2006 (y no para poner fin a la quiebra como se ha empeñado en decir) Sebastián Piñera compró cerca del 10% de la propiedad de Blanco y Negro, se sabía que su principal motivación era política, no económica. La sola aparición gratuita en los medios que Colo-Colo significa, compensaría con creces la escasa rentabilidad que la acción en efecto ha tenido desde entonces.
Y hasta ahí, desde mi condición de colocolino, poco podía decir. Pero a partir de ese momento el segundo accionista mayoritario de Blanco y Negro ha hecho uso y abuso del nombre de nuestra institución, llegando a prometer en reiteradas ocasiones equipos que pelearían la Libertadores. Lo cierto es que desde que compró parte de la administradora del Cacique, la presencia internacional de Colo-Colo sólo ha ido a la baja. Y eso genera indignación, y no precisamente porque considere que deberíamos ganar todas las Libertadores. Algo entiendo de fútbol y sé qué lugar ocupa nuestro país en el concierto sudamericano. No, lo que me indigna es que finalmente una persona, cualquiera que esta sea, sólo porque es millonaria sienta que puede aprovecharse de nuestro equipo para su beneficio personal, casi como un capricho por acaparar cada vez más poder.
Como bien sabemos, la cosa ha empeorado. La movida política de asimilarse al club más popular del país rindió los frutos que Piñera esperaba y fue electo como la máxima autoridad política del país. Dos días después él mismo se dio el lujo de meter impunemente la política al Monumental, y luego de algunas semanas invitó al máximo accionista de Blanco y Negro a integrar su gabinete. Ninguno, de más está decirlo, quiso vender sus acciones. No lo hicieron entonces, no lo han hecho hasta ahora, amparándose en que la ley no los obliga a ello.
Es cierto, no tienen obligación legal para desprenderse de sus acciones en Blanco y Negro, y más allá de los perjuicios que esto tiene para el Estado (no es el tema a tratar en este espacio), esta situación tiene graves consecuencias para Colo-Colo. Desde que Piñera ganó las elecciones presidenciales nuestras apariciones en páginas no deportivas son casi igual de numerosas que aquellas que hablan de fútbol, lo que es a todas luces lamentable.
Aún no logramos sacudirnos completamente del mito en que gratuitamente nos metió Pinochet en complicidad con El Mercurio (ver detalles aquí), y ya tenemos a dos autoridades involucrando nuevamente y sin ningún pudor a nuestro equipo en temas políticos. Y lo peor de todo es que Piñera dijo que hasta que volvamos a ganar la Libertadores no variaría su posición, y hasta ahora bien poco ha hecho para que esto ocurra. Claro, a él esto bien poco le importa porque no es seguidor de nuestro club ni lo podrá ser. Esto bien se explica en la película “El secreto de sus ojos”: uno puede cambiar muchas cosas (el físico, la pareja, la posición política, etcétera), pero la pasión por el equipo de fútbol no. El resto es verso.
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nxnca lo fxe
estabamos claro k solo estaba en colo-colo por interes economico,............
COLO-COLO ES Y SERA DEL PXEBLO...................AGXANTE EL CLXB SOCIAL