
Fue grato ir al Monumental ayer. Y no sólo porque ganamos sin pasar apuros (aunque igual nos tuvimos que bancar el ya acostumbrado gol del último minuto), sino porque el estadio lucía como históricamente lo ha hecho: con muchos niños, abundante presencia femenina y en general un ambiente que hace rato se había alejado de nuestra querida Ruca. ¿Qué fue lo que cambió que hizo que ayer la estadía en la cancha alba fuera más grata? En los próximos párrafos intentaré esbozar algunas respuestas:
Lo primero, creo, es la promoción impulsada por Blanco y Negro. Quiénes hayan leído algunos de mis post anteriores sabrán que soy contrario al modo cómo la concesionaria ha administrado nuestro Club, pero creo que en esto (¡por fin!) acertaron. A diferencia de otras iniciativas similares, ésta estaba completamente dirigida al fomento de la asistencia de un público familiar. Al final por el precio de una entrada podían entrar cuatro personas (el comprador del ticket más una mujer y hasta dos niños) a varios sectores del estadio. Así, resulta bastante menos oneroso ir a ver a Colo-Colo y traspasar con ello el afecto por la institución a los más cercanos.
Es de esperar que repitan esta promoción. No veo por qué no habrían de hacerlo. Al final, se trata de un reconocimiento al hincha y a su familia, que bastante mal lo han (hemos) pasado en los últimos años.
Una segunda razón, me parece, es el horario. No era ni tan temprano como para que la gente terminara asada, ni tan tarde como para que quienes no fueran en auto no tuvieran cómo regresar a sus casas. Aunque pase desapercibido, creo que este factor es esencial. Como el más grande de los equipos que somos, deberíamos saber imponer nuestra preferencia al momento de la programación de los partidos.
El tercer elemento, y último para no latear de más (por ahora), pasa porque en la cancha se vio a un equipo con ganas de ganar. Cierto, esto es bastante poco, pero para como veníamos es un pequeño avance. Aún queda un montón por avanzar, pero se nota cuando en el equipo hay jugadores identificados con la camiseta. Hoy se ven más jugadores con la ambición de Paredes que con la desidia de Olivi, y eso los 25 mil que ayer estábamos en el estadio lo agradecemos.
Por todo lo anterior es el título de este post: es posible hacer que la gente vuelva al estadio en masa. No es tanto lo que pedimos, ni es muy distinto a lo que se acostumbraba a hacer hasta hace algunos años. Sólo hay que poner a tomar decisiones a quienes conozcan al público para el que están (o deberían estar) trabajando.
Párrafo aparte me merece la celebración de Millar (eso de ponerse una mano en la oreja como desafiando a lo pifiemos ahora que está de goleador). Él no debe olvidarse que no fue hasta el segundo tiempo contra O’Higgins que se dedicó a trotar en la cancha, tal y como lo hacía cuando llegó a Colo-Colo y como crecientemente fue haciéndolo tras volver del Mundial. Si de verdad quiere que lo pifiemos de nuevo, que siga haciendo lo que tantas veces ha hecho con la camiseta de Colo-Colo: Nada. Ahora, si quiere prolongar lo vítores, que no suelte el ritmo que tomó justamente después de recibir la reprobación del público, porque gracias a la irregularidad que ha tenido en todos los años que lleva en el Cacique él está muy lejos de conseguir el apoyo incondicional de los colocolinos. En resumen, la cosa es bien simple y vale para todos: si quieres pifias, vaga en la cancha. Si quieres aplausos, haz que tu esfuerzo esté a la altura de la camiseta que vistes. Fácil, ¿no?
vía Twitter




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